martes, 31 de mayo de 2016

Meditemos en esto

Mi pueblo perece por falta de conocimiento (Oseas 4:6), lo leen en mi palabra y lo pasa por alto, y cuando les mando mensajes piensan que es algo inventado, porque creen que yo no hablo o que no tengo profetas en este tiempo, mis mensajes concuerdan con mi palabra, mis profetas existen hoy, son atalayas que anuncian y preparan a mi iglesia para que busquen la santidad, no así los falsos que son como el profeta Hananias, que hablaba de su corazón y no de mi voz (Jeremías 28) y por eso fue cortado. El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta será conocido como el profeta que Jehová en verdad envió. Muchos se preguntan si la santidad es solo por dentro, pero yo les digo es en espíritu, alma y cuerpo para ser irreprensibles en mi presencia. (Tesalonicenses 5:23). Mi pueblo Israel salió de Egipto con todas sus costumbres paganas y a pesar de ver mi gloria no querían quitársela y ansiaban volver a Egipto, y Egipto representa al mundo y sus costumbres. Ellos llevaban al desierto los aretes, pinturas, perfumes y todo lo aprendido en esa tierra, y dieron sus aretes para hacer un ídolo, un becerro que adoraron, por lo cual quise quitarlos de mí y solo la intercesión de mi siervo Moisés cambio mi parecer. (Éxodo 32). Mis hijos no engañéis sin santidad nadie me vera. Mis hijos no hacen diferencia con este mundo, se les olvida que están en este mundo, pero no son parte de él (Juan 14: 14-17). Requiero que vivan piadosamente, vestidos del nuevo hombre, no siguiendo las corrientes de este mundo (efesios 2:2), el cual hacen que pequen, que ministren en mis púlpitos sin distinguirse que son mis hijos, llevan las modas del mundo que son hechas por mis enemigos, y que mi enemigo les pone en la mente para que muestren sus carnes, que provoquen a placeres, no hacen distinción entre lo santo y lo profano. Mis altares parecen un Show de entretenimiento, solo quieren lo sobrenatural y de allí salen sin cambio. Mis niños quiero llevarme una iglesia pura y sin manchas, que les cuesta vestirse como la hacían las santas mujeres y los santos hombres de mi iglesia del primer siglo, acaso ellos andaban en modas, andaban cambiando sus caretas, perfumados, sus rostros envejecían, se dejaban procesar por el tiempo, y no guardaban apariencia que no tenían, el sol los abrasaba, el viento le daba a sus caras, el frió los acobijaban, pero daban gloria porque sabían que su morada los esperaba, y que lo de este mundo y sus apariencia pasarían pero su vida eterna estaba guardada en los cielos, porque no eran de este mundo. Mis hijos me corrigen mi creación, cambian de color sus cabellos, no dejan que el tiempo les vaya pintando su cabellera en lo que yo quiero que sean. Engañan y mienten al mostrar una apariencia que no tienen, y saben por mi palabra que los engañadores y mentirosos no tendrán parte conmigo.  Son ataduras que aun tienen, pero no claman a mí para ayudarles a quitárselas para que sean obedientes. Pero tengo un remanente fiel que siempre clama para que le de santidad y a ellos se las doy porque reconocen sus debilidades y las confiesan, y hay algo imposible para mí? (Jeremías 32:27).  Mis hijos no les importen el que dirán, si te dicen mojigatas, o pasados de moda, o viejos, ¿no saben que serán rejuvenecidos en la eternidad y que el mundo pasará, pero el que hace mi voluntad permanece para siempre? (1 Juan 2:17). Hoy hay tiempo, no esperen que la muerte llegue y juegue con la eternidad, sin santidad nadie me vera, obedezcan,  ¿donde están los obedientes como los recabitas?  (Jeremías 35), ¿donde están los Josues y Caleb en este tiempo?, ¿quién puede dejar todo por mi?, ¿llevar mí cruz? . El que tenga oído escuche.

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