miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿POR QUÉ PROFETAS HOY? Parte 2

PROFETA CLIFF BELL·DOMINGO, 20 DE MARZO DE 2016
Una descripción bíblica del trabajo de un profeta del Nuevo Testamento.
Hay mucha confusión del ministerio de los profetas del Nuevo Testamento. La confusión es causada por la ignorancia, por expectativas basadas en tradición religiosa y no en la Biblia, y por la existencia abundante de “profetas” falsos, inmaduros o mal entrenados. Además, tenemos a muchos que no entienden la diferencia entre la vocación ministerial del profeta y el don de la profecía. En esta enseñanza vamos a investigar qué es lo que dice la Biblia acerca de estas cosas.
En la primera parte de esta enseñanza, publicada el 27 de febrero, 2016, ya establecimos la vigencia de la vocación ministerial del profeta en el día de hoy. Para leer esa primera parte, favor de seguir el enlace provisto al final de este estudio. Por ahora, le invito a abrir su Biblia conmigo y a acompañarme…
LA DIFERENCIA ENTRE LA VOCACIÓN DEL PROFETA Y EL DON DE LA PROFECÍA.
La vocación ministerial del profeta es uno de los cinco dones de ascensión de Cristo. Cuando Cristo ascendió a los cielos, Él dio estas cinco vocaciones ministeriales para continuar Su trabajo de liderazgo con Su iglesia. Estos cinco son más que dones; son VOCACIONES.
Antes de alistar los cinco ministerio, Efesios 4:1-8 dice: «Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la VOCACIÓN con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra VOCACIÓN; …. 7 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. 8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.»

Luego en versículo 11 nos alistan cuáles son estas vocaciones ministeriales que Cristo Mismo dio a Su iglesia: Efesios 4:11-12 «Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.»

El profeta es uno de cinco ministerios instituidos por Cristo Mismo, y que son una EXTENSIÓN del ministerio terrenal de Jesucristo a Su Iglesia. La vocación ministerial del profeta NO ES un don del Espíritu Santo. Es de Cristo Mismo, Quien es la Cabeza de la Iglesia (Efesios 4:15), y por lo tanto, Él escoge quienes serán llamados a estas vocaciones. No es por nuestra elección. No es algo que uno puede escoger simplemente porque piensa que sabe mejor que su pastor o líder.
Los que son LLAMADOS por Dios a ser un profeta tienen que ser preparados antes de ser COMISIONADOS (nombrados o ordenados) para desempeñar la gran responsabilidad que es necesaria para esta vocación. No se trata solamente de “ser ungido” o de tener dones; se trata mucho del carácter y nuestra habilidad de usar correctamente la responsabilidad y la autoridad que viene con la operación del ministerio. 1ª Corintios 12:7 afirma que todos tenemos dones espirituales. 1ª Corintios 14:31 revela que todos podemos profetizar, pero 1ª Corintios 12:29 afirma que no todos son profetas.
En contraste a la vocación del profeta, el DON DE LA PROFECÍA (tanto como todos los nueve dones del Espíritu Santo) es UN DON O MANIFESTACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO por medio de cualquier creyente (1ª Corintios 14:1, 31). La operación del don de la profecía es mediante la fe (Romanos 12:6).
Todo creyente puede profetizar, pero no todos los que profetizan son llamados ni comisionados a ser profetas. El hecho de que un cristiano puede profetizar una profecía acertada no significa que es profeta; simplemente significa que puede oír la voz de Dios, y que sus oídos espirituales están funcionando (Juan 10:27; 18:37, 1ª Corintios 14:29).
Tengo una habilidad innata, un don, para la cocina. Para muchas cosas ni necesito una receta. Sin embargo no tengo la preparación ni las cualidades para la vocación de chef profesional. De hecho, ningún restaurante mexicano de la ciudad ha buscado contratarme aunque puedo preparar unas enchiladas deliciosas.



Soy un cocinero al nivel de mi casa, y puedo alimentar a algunos amigos. Pero no tengo el llamado ni la vocación de un chef al nivel de un restaurante. Ahora bien, tengo la capacidad para ser entrenado y eventualmente ser el chef de un restaurante. Pero siempre tengo mis límites. Con entrenamiento yo podría hacer razonablemente bien en un restaurante, pero no tengo ni quiero la unción para ser el chef principal de la Casa Blanca. Esa vocación se requiere conocimiento extenso de alimentos y costumbres internacionales y además habilidades excepcionales de planeación, organización y liderazgo para dirigir todo un equipo.
Así es con la profecía. Todos pueden cocinar algo. Algunos mejor que otros. Muchos tienen el potencial de ser el chef de un restaurante, pero relativamente pocos han sido preparados para hacerlo bien. Aún menos tienen la preparación y habilidad para ser considerados y seleccionados para ser el chef de un lugar como la Casa Blanca. Más alta la responsabilidad y autoridad, más intensa es la preparación.
Una vez más reitero que solo Cristo puede llamar alguien a una de las cinco vocaciones ministeriales. No es según nuestro deseo o nuestros caprichos.
SER LLAMADO VERSUS SER COMISIONADO (NOMBRAMIENTO)
El recibir un llamado no significa que uno está listo ni preparado para ser comisionado. El llamado indica de nuestro potencial en Dios, no indica cuál sea nuestro estado actual. La comisión, o un nombramiento (la ordenación), solo debe acontecer cuando ya existe suficiente evidencia del llamado. La ordenación es un reconocimiento de lo que ya existe. La evidencia del llamado es más que la habilidad de profetizar. Balaam pudo profetizar pero era considerado por Dios como un profeta falso. La evidencia también se trata del carácter, madurez, el fruto del Espíritu para poder desempeñar el ministerio indicado.
1ª Timoteo 3:1-7 habla de las cualidades de obispos (líderes cristianos que supervisan a otros) . De las 17 cualidades que menciona solo una se trata de su habilidad de ministrar. Las demás cualidades (16) son aspectos del carácter y de la madurez y la santidad. ¿Puede usted profetizar? ¡Excelente! Pero, ¿puede usted manejar el dinero honestamente y éticamente? ¿Cómo es su testimonio en la comunidad? ¿Está su moralidad personal, su matrimonio y su hogar en orden? ¿Cómo trata usted a los demás?
Demasiados se han adelantado y tuercen el brazo de su pastor para recibir un nombramiento por lo cual no están preparados. Y demasiados pastores, cegados por la carisma y por los dones de alguien, han nombrado neófitos inmaduros e inconstantes antes de su tiempo, antes de que fueron probados. Esa es una razón por la cual hay tantos abusos en el ministerio hoy en día. 1ª Timoteo 3:10 indica que los que son llamados deban ser sometidos a prueba primero ANTES de ejercer un ministerio. Como el capitán de la nave Titanic, tienen más celo y confianza que prudencia, y se requiere un solo témpano de hielo en la noche para destruir su ministerio.



Casi todos piensan que están listos y preparados antes de que lo sean en realidad. En mi opinión, una señal de que uno está listo es cuando ya no se siente listo. …cuando se da cuenta que la responsabilidad es mayor de lo que le es humanamente posible desempeñar – porque tal persona dependerá de la unción y apoyo del Espíritu Santo y no en su propia habilidad y carisma natural.
LA TAREA DE UN PROFETA – SER UN VOCERO DE DIOS
Generalmente, se puede decir que el profeta es un vocero de Dios que anuncia un mensaje de Dios a una audiencia en particular para cumplir el propósito de Dios. Específicamente, su mensaje, tarea y audiencia pueda variar según la voluntad y la gracia de Dios que le es otorgada. Una parte esencial de su trabajo es profetizar, el ser un vocero de Dios. Pero tome en cuenta que no toda profecía es predicción. Existe también profecía que declara o anuncia la mente y consejo de Dios. Otra definición de profecía es “hablar bajo la inspiración de Dios.” Vamos a investigar varias Escrituras que hablan del ministerio de un profeta.
DIVERSIDAD DE TAREAS PARA PROFETAS Jeremías 1:5 «Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.»

Este versículo habla de manera específica de Jeremías, que su influencia o tarea sería al nivel de naciones. Hay profetas hoy en día que tienen un llamado al nivel de naciones. Hay otros profetas que Dios les ha llamado al nivel de su congregación local, o para una región. Uno no es más importante que otro. Todos somos miembros del Cuerpo de Cristo, y cada uno tiene su rol que desempeñar y una audiencia particular al cual Dios le ha llamado.
No debamos compararnos los unos a otros. No seremos medidos por la cantidad de naciones en los cuales hemos ministrado, sino por nuestra obediencia en cumplir lo que Dios pidió de nosotros. Es importante entender el nivel de influencia que Dios determinó para nosotros mismos y no tratar de ir más allá que la gracia de Dios que fluye en nuestras vidas. He visto a algunos buscar hacer la tarea de otro (tal vez buscando la fama que otro tenía), pero eso nunca termina bien, porque la gracia de Dios nos empodera para nuestra tarea, no para la tarea de otro.



Leemos de sólo dos de las profecías que dio el Profeta Ágabo (Hechos Capítulos 11 y 21) mientras que no tenemos ningún registro de las profecías de muchos otros profetas de la Iglesia Primitiva. Ni sabemos los nombres de todos ellos (Hechos 11:28; 13:1; 15:32). Tenemos que recordar que no se trata de nosotros. Somos los mensajeros solamente, y nuestro trabajo es llamar la atención al Rey que servimos y entregar correctamente Su mensaje, no buscar la fama ni volver el centro de atención.
Entre los jugadores de los equipos de futbol algunos reciben más atención por su función y tarea designada, pero todos son igualmente importantes. En el Reino de Dios es así. En el ministerio de la Iglesia de Jesucristo no hay lugar para divas.
DERRIBANDO Y EDIFICANDO Jeremías 1:10 «Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.»

Hay dos aspectos importantes del ministerio que Dios le encargó a Jeremías. El primero es “arrancar, destruir, arruinar y derribar.” Obviamente, Cristo quiere edificar a Su Iglesia y nosotros colaboramos con Él para que eso suceda. ¿Qué, entonces, vamos a arrancar, destruir, arruinar, y derribar?
Efesios 6:12 revela «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.»
Yo creo que estas palabras “arrancar, destruir, arruinar, y derribar” tienen que ver con la guerra espiritual. Dios unge a los profetas para enfrentar y derribar estructuras demoníacas según su tarea. Dios puede revelar al profeta cuáles son estructuras demoníacas que necesitan ser derribadas y darle las estrategias para hacerlo. Es importante hacer esto antes de edificar lo que es correcto, pues no se puede edificar sobre un fundamento corrupto o idólatra. Cuando yo ministro en un lugar, frecuentemente Dios me revela esta clase de estructura maligna que se tiene que derribar.



Discerniendo nuestra tarea
Debamos discernir nuestra tarea o rol específico en la destrucción de fortalezas. Es más fácil echar fuera un demonio de un individuo que un principado demoníaco de una región. La razón por la diferencia no es necesariamente una falta de unción departe del profeta. La razón es que en la región hay gente idolatra que da derecho legal al principado.
Elías tuvo una gran victoria regional en contra de Baal, pero primero tuvo que cambiar los corazones del pueblo. Esto hizo mediante una demostración de poder de Dios (1ª Reyes 18). Aún así Elías tuvo que esperar el momento oportuno y seguir las instrucciones del Señor.
Podríamos usar la ilustración de cuando Dios derribó los muros de Jericó (Josué 6). Todos quieren echar el grito y ver los muros caer. No todos quieren buscar a Dios para recibir la estrategia divina ni esperar el momento oportuno con la boca cerrada y marchar por siete días. Hay tiempos para gritar, y hay tiempos para esperar.



Se le acuerdo que la guerra espiritual no se trata solamente de demonios actuales, pero las “estructuras” o “fortalezas” que han establecido en una persona, iglesia, familia o región. Las estructuras son argumentos, filosofías, paradigmas y mentalidades incorrectas inspiradas por demonios y que impiden al pueblo de Dios en el cumplimiento de su propósito divino.
Un ministerio de liberación que hace bien su trabajo no solamente echa fuera demonios, pero también confronta y derriba doctrinas y filosofías erradas, y establece fundamentos correctos y bíblicos. Lo mismo hace un profeta responsable.
2ª Corintios 10:3-5 «Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando ARGUMENTOS y toda ALTIVEZ que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo PENSAMIENTO a la obediencia a Cristo.»
PROCLAMANDO Y ANUNCIANDO LO QUE DIOS QUIERE HACER Amos 3:7 «Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. »

Desde que Cristo exclamó, “¡consumado es!” en la cruz del Calvario (Juan 19:30), todo lo que hace en el mundo es a través de Su Iglesia, los miembros del Su Cuerpo, los agentes de Su Reino. La voluntad de Dios está establecida en el Cielo, pero tiene que ser proclamada en la tierra – y Dios siempre usa a alguien, típicamente uno de Sus profetas, para oír cuál es Su voluntad y proclamarla en la tierra.
Todo lo que Dios hace inicia con Su palabra. Dios creó al universo con el poder de Su Palabra Viva (Salmo 33:6). Sus palabras son espíritu y vida (Juan 6:63), y tienen poder para llevar Su voluntad a su cumplimiento. Isaías 55:11 «así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.»

Dios usa voceros humanos en la tierra para desatar Sus Palabras en la tierra, y así desatar Su poder y unción para que se cumplan. Dios tiene la habilidad de hacerlo sin el hombre, pero en Su soberanía y sabiduría se ha limitado a operar solamente por medio de los miembros de Su Iglesia.
Los espíritus malignos (demonios) también son limitados en el mundo, y no puede hacer nada si no hay un ser humano que le permite ser su vocero e instrumento. Es por eso que es tan importante que nosotros seamos llenos del Espíritu Santo (Efesios 5:18) para poder ser voceros e instrumentos de Dios.



En Ezequiel 37 tenemos el ejemplo de cuando Dios le llevó a Ezequiel al valle de huesos secos. Dios tenía el poder de levantar los muertos, pero usó al Profeta Ezequiel como Su vocero para desatar Su decreto y poder para llevarlo a cabo.
¿Qué es lo que Dios quiere hacer en su ciudad? ¿En su nación? ¡Ore que Dios levante profetas según Su corazón quienes escucharán correctamente cuál es Su voluntad y que serán voceros efectivos Suyos para desatar Su Palabra de Poder! Como con Ezequiel en el Valle de huesos secos, ¡La unción de la palabra profética está diseñada por Dios a traer vida a situaciones de muerte!
Yo he presenciado y experimentado esta clase de unción en diversos niveles. AL NIVEL INDIVIDUAL para traer hasta milagros creativos para individuos en sanidad o para traer liberación y dirección para impulsarle hacia el plan de Dios para su vida. AL NIVEL FAMILIAR, EMPRESARIAL, O DE IGLESIA para levantarles a una nueva época fructífera de unidad, libertad y actividad en las cosas del Espíritu Santo. AL NIVEL REGIONAL para derribar fortalezas, para cancelar maldiciones causadas por años de idolatría y perversión, y para der inicio a un nuevo tiempo de avivamiento. Creo con todo mi corazón que lo veremos AL NIVEL NACIONAL en los días que vienen.
PERFECCIONANDO A LOS SANTOS PARA LA OBRA DEL MINISTERIO Efesios 4:12-13 «a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo»

Cristo sigue edificando a Su Iglesia. Su meta está clara: Efesios 4:13-16 «hasta que TODOS lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, A LA MEDIDA DE LA ESTATURA DE LA PLENITUD DE CRISTO; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo la verdad en amor, CREZCAMOS en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.»

Todas las cinco vocaciones ministeriales, inclusive los profetas, tienen la tarea de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio. Cada creyente tiene un ministerio como sal y luz en su comunidad (Mateo 5:13-14), como embajadores del Reino de Dios y ministros de reconciliación (2ª Corintios 5:18-20) en el circulo de influencia que Dios le ha dado (Isaías 2:2-3).
El problema es que todos llegamos a Cristo con heridas, ataduras, cicatrices, mentalidades equivocadas, etc. Cada uno de las cinco vocaciones deba estar ministrando al pueblo de Dios según la gracia que le es dada para ayudarles a ser salvos, sanos, libres, adiestrados, y enseñados para hacer las obras de Cristo (Juan 14:12, Hechos 10:38). Esto involucra enseñanza, equipamiento, entrenamiento en doctrina y en práctica tanto como tutela con relación al carácter e integridad.
Los profetas están involucrados en el proceso al nivel individual en parte mediante la profecía personal que
revela ataduras para ministrar la sanidad y / o liberación,
revela el potencial y llamado de la personal,
trae dirección o ajustes necesarios,
identifica e imparte dones espirituales,
afirma al creyente en su identidad en Dios,
edifica, exhorta y consuela.



Aparte de ministrar mediante profecía personal, el profeta también puede estar involucrado en la iglesia para enseñar y capacitar en sus áreas de preparación y de unción. Esta no es una lista completa, pero es un punto de comienzo. Mucho depende de la tarea y unción particular del profeta.
Cada una de las cinco vocaciones ministeriales separadamente representa una quinta parte de la unción de Cristo. Los creyentes necesitan la influencia y tutela de todas las cinco para poder crecer equilibradamente y correctamente para llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
La Iglesia Primitiva necesitaba la plenitud de la unción de Cristo, las cinco vocaciones ministeriales y los nueve dones del Espíritu para iniciar la época de la Iglesia mortal en el Planeta Tierra, y vamos a necesitar todo lo mismo, y nada menos para cumplir la misión de la Iglesia antes de que Cristo venga.
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PARA SER CONTINUADO…
Tengo varias otras Escrituras que hablan de la tarea de un profeta, y mucho más que compartir. Más esta Nota ya está muy larga. Así que continuaré la enseñanza en una tercera parte que publicaré en el futuro cercano. Por ahora, le he dado mucho que digerir. Espero que le haya sido de provecho. Favor de notar varios anuncios y enlaces abajo...
Anticipo sus comentarios y testimonios. Le bendigo.
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